
EL ÉXITO MEDIÁTICO DE «TULA CHILE», APRECIACIONES SEXOLÓGICAS
A raíz del fuerte impacto mediático de la recién estrenada campaña publicitaria de una bebida energética chilena y luego de leer el análisis del reconocido asesor de marketing digital Matias Villanueva, decidí comentar acerca de este fenómeno social. Con una sencilla campaña lograron más de 50 mil seguidores en 12 horas, superan rápidamente la barrera de los 100K y sigue aumentando.
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Hoy no es de extrañar que gran parte del día y de la vida de muchos sucede en las redes sociales. De ahí que las estrategias de difusión de contenidos, como esta, o de marketing de servicios, se realice por esta vía.
Teniendo claro el segmento al cual apuntar, en este caso la sociedad chilena y probablemente segmento millenial, la campaña de TULA Chile la rompe en Instagram, Facebook y twitter.
¿A qué me refiero? La palabra «tula» en Chile se utiliza para referirse en lenguaje coloquial al pene. Palabras para referirse al pene conozco muchas, incluso dentro del mismo territorio nacional o dependiendo de la connotación que se le quiera dar. A saber: tula, tulita, el 4letras, anaconda tuerta, cabeza de haba, chino tuerto, chulapi, chuto (en el norte), cogote de pavo, diuca, niño, pichula, pito, etc. (continúe usted la infinita y creativa lista).
Notable me parece haber rescatado una idea que nace en una alianza escolar hace aproximadamente 10 años. Y aquí lo más curioso: lo que pudo escandalizar hace años atrás hoy es un hit.
Un hit que aprovecha el destape de nuestra sociedad chilena post moderna hipersexualizada, bombardeados de mensajes sexuales por doquier, en que todos queremos hablar de sexo y vivir el sexo «con libertad», pero una sociedad que aun se incomoda cuando se quiere profundizar en él, en la propia sexualidad, en lo colectivo, que habla de lo «bueno» y lo «malo», lo «normal» y «anormal» y en que aun cuesta decir las cosas por su nombre.
Aun vivimos en una sociedad enferma, con muchos miedos y tabúes vinculados al sexo, la erótica y la sexualidad. Aquello que los sexólogos conocemos como erotofobia. Esta sociedad erotofóbica en que intentamos matizar o suavizar lo que nos ruboriza, incluso si son palabras que leemos o salen de nuestros labios.
El morbo de la palabra TULA en un país en que decir pene o pico puede ser todavía escandaloso, alimenta la irreverencia de las nuevas generaciones. Frases como: «Quiero mi tula de siempre», o «vengo por mi tula» es una clara muestra del humor chileno, pícaro y en doble sentido.
Un humor que se retroalimenta y apela al doble estándar de nuestra sociedad, sobre todo si a sexo se refiere: «TULA ¿Qué importa el nombre?» #LAHICIERON!